La inteligencia artificial está redefiniendo las prioridades de TI, pero la inversión en ciberseguridad continúa creciendo.
La inteligencia artificial está cambiando rápidamente la forma en que las organizaciones utilizan su tecnología, asignan presupuestos y planifican sus equipos de trabajo. La automatización, los asistentes de IA y las nuevas herramientas capaces de ejecutar tareas cada vez más complejas están llevando a muchas empresas a replantear sus inversiones en TI. Pero hay un área que parece seguir una dinámica diferente: la ciberseguridad.
Una investigación realizada por la firma de análisis de mercado ETR, filial de Futurum Group, a 1,636 líderes tecnológicos muestra que la inversión en software de seguridad aumentó 7.8 % interanual, incluso mientras las organizaciones destinan parte de sus presupuestos a iniciativas relacionadas con inteligencia artificial.
El dato resulta relevante porque refleja una realidad que muchas empresas comienzan a experimentar: la IA puede estar modificando las prioridades de TI, pero no está reduciendo la necesidad de proteger los sistemas, los datos y las operaciones. De hecho, mientras más tecnología se incorpora a una organización, mayor puede ser la superficie que necesita vigilancia.
La IA está compitiendo por el presupuesto de TI
La adopción de inteligencia artificial requiere inversión. Infraestructura, plataformas, software especializado, procesamiento de datos y nuevas herramientas forman parte de una ecuación que está obligando a muchas organizaciones a redistribuir sus recursos.
De acuerdo con la encuesta, 18 % de los participantes afirmó que su organización ha reasignado parte del presupuesto destinado a software de seguridad para financiar la adopción de IA. A primera vista, podría parecer una señal de presión para los equipos de ciberseguridad. Sin embargo, el comportamiento de otras áreas de TI muestra una diferencia importante.
Mientras el gasto en software de seguridad continúa creciendo, 47 % de los encuestados señaló reducciones en herramientas de operaciones y monitorización de TI, y 46 % reportó recortes en herramientas de productividad y colaboración para financiar iniciativas de IA.
La diferencia también aparece cuando se analiza el personal. Las organizaciones están replanteando sus necesidades en soporte técnico y mesa de ayuda, desarrollo de software, operaciones, infraestructura y administración de TI. En ciberseguridad, en cambio, la reducción prevista es menor: 23 % de los encuestados espera disminuir su plantilla de profesionales de seguridad.
La razón puede encontrarse en un aspecto fundamental: la misma tecnología que permite automatizar tareas también está proporcionando nuevas capacidades a los atacantes.
Cuando los atacantes también tienen IA
La discusión sobre inteligencia artificial suele concentrarse en cuánto trabajo puede automatizar una organización. Sin embargo, existe otra pregunta que resulta igual de importante: ¿qué ocurre cuando esa misma capacidad está disponible para los ciberdelincuentes?
La IA puede ayudar a acelerar la creación de contenido malicioso, automatizar procesos, analizar grandes cantidades de información y adaptar ataques con una velocidad que difícilmente podría alcanzarse mediante procesos completamente manuales.
Esto cambia las reglas del juego. Un atacante no necesariamente necesita reemplazar todas sus herramientas actuales por sistemas de IA; basta con utilizarla para aumentar la velocidad, escala y eficiencia de operaciones que ya realizaba.
Para las empresas, esto significa que detectar una amenaza después de que el daño ocurrió resulta cada vez menos viable. La seguridad necesita evolucionar hacia modelos capaces de analizar grandes volúmenes de eventos, identificar comportamientos anómalos y responder antes de que una amenaza pueda convertirse en un incidente mayor.
Y aquí aparece una de las principales paradojas de la transformación impulsada por IA: la automatización puede reducir determinadas tareas manuales, pero también puede generar más trabajo de seguridad que nunca.
Menos personal no significa necesariamente menos trabajo
La encuesta de ETR muestra que 96% de las organizaciones utiliza IA en algún nivel. Al mismo tiempo, 34 % está limitando el crecimiento futuro de sus plantillas y 20 % afirma estar reduciendo estratégicamente su personal a medida que adopta estas tecnologías.
Sin embargo, la inversión general en TI continúa creciendo. Los encuestados reportaron un incremento interanual de 3.8 % en el gasto de TI, mientras que 72 % afirmó que su organización planea continuar aumentando esa inversión.
Esto plantea una situación interesante. Las empresas pueden estar buscando hacer más con menos personas, pero la tecnología también permite que los equipos existentes asuman tareas que anteriormente simplemente no podían realizar por falta de tiempo o recursos.
En ciberseguridad, esta diferencia es especialmente importante. Una herramienta automatizada puede analizar miles de eventos en cuestión de segundos, pero alguien debe definir qué se considera una amenaza, establecer las reglas de respuesta, investigar los casos complejos y validar que las acciones automatizadas sean las adecuadas.
La IA puede convertirse en un multiplicador de capacidades. No necesariamente en un sustituto absoluto del conocimiento especializado.
El reto es todavía mayor para las pymes
Para las pequeñas y medianas empresas, esta transformación puede representar tanto una oportunidad como un desafío.
Durante años, muchas pymes han tenido dificultades para contratar y retener profesionales especializados en ciberseguridad. Los puestos vacantes podían permanecer abiertos durante meses, mientras las empresas competían por un grupo limitado de especialistas.
La incorporación de IA y automatización puede ayudar a reducir parte de esa presión. Las organizaciones pueden utilizar tecnología para automatizar tareas repetitivas, priorizar alertas y proporcionar mayor visibilidad sobre lo que ocurre en sus entornos.
Pero automatizar no elimina la necesidad de experiencia. Al contrario, cuando las amenazas se vuelven más rápidas y sofisticadas, comprender lo que ocurre detrás de una alerta puede ser todavía más importante.
Para una pyme, la pregunta ya no debería limitarse a cuántas personas necesita incorporar a su equipo de seguridad. También debe considerar cuánto trabajo puede automatizar, qué capacidades necesita mantener internamente y qué funciones puede respaldar mediante servicios especializados.
La nueva ecuación de la ciberseguridad
Todavía es demasiado pronto para determinar exactamente cómo transformará la IA al mercado laboral de ciberseguridad. Lo que sí comienza a quedar claro es que la ecuación no puede reducirse simplemente a "IA = menos personas".
Los atacantes también adoptarán estas tecnologías. Si consiguen utilizarlas para aumentar simultáneamente el volumen y la sofisticación de sus ataques, las organizaciones necesitarán capacidades de defensa capaces de responder a esa misma escala.
Esto podría llevar a un escenario donde humanos y sistemas de IA trabajen conjuntamente: agentes automatizados encargándose de grandes cantidades de eventos y tareas repetitivas, mientras los profesionales especializados supervisan, investigan, toman decisiones y gestionan los casos que requieren contexto y criterio.
El verdadero desafío estará en administrar correctamente ese ecosistema. Porque incluso los sistemas automatizados necesitan supervisión, reglas, objetivos y controles. Una organización no puede asumir que una herramienta será capaz de tomar siempre la decisión correcta simplemente porque utiliza inteligencia artificial.
La ciberseguridad no desaparece: evoluciona
La llegada de la IA está obligando a las empresas a reconsiderar cómo distribuyen sus presupuestos, cómo contratan personal y qué tareas pueden automatizar. Pero la necesidad de proteger la información y las operaciones permanece.
De hecho, a medida que las organizaciones incorporan más inteligencia artificial, también necesitan asegurarse de que sus sistemas, usuarios, aplicaciones y datos estén protegidos frente a nuevas formas de ataque.
La tendencia apunta hacia una ciberseguridad más automatizada, más orientada al análisis continuo y con mayor capacidad de respuesta. El profesional de seguridad no necesariamente desaparecerá; su función tendrá que evolucionar junto con las herramientas que utiliza.
Para las empresas, especialmente las pymes, esto significa que invertir en ciberseguridad no se trata únicamente de aumentar el número de personas o adquirir más herramientas. Se trata de construir una estrategia capaz de combinar tecnología, automatización, inteligencia y experiencia humana.
Porque si la IA permite que las amenazas evolucionen a la velocidad de las máquinas, la defensa también tendrá que aprender a hacerlo.